Llegas, te sentamos en una mesa con otras cinco personas y encuentras un mantel, agua, algo para picar y un coctel ya servido. A partir de ahí, en ese mantel, vas a diseñar tu propia noche.
Primero te enseñamos nuestra barra por dentro: cada puesto, dónde está el hielo, para qué sirve cada cosa. Cuando subas, ya sabrás dónde ponerte.
Cada mesa elige su cóctel. Proyectamos los cocteles y cada mesa se queda con uno. Tú acabarás en la mesa del mojito, o en la de la piña colada, o en la del espresso martini. Y ahí empieza la envidia sana.
Todos en tu mesa hacéis el mismo cóctel — pero ninguno sale igual. Eliges tu toque de una bandeja de sabores donde todo está explicado en castellano, eliges tu hielo, y decoras como te dé la gana en nuestra barra de decoración. Le pones nombre. Y vuelves a la mesa con tu copa, mientras la sala brinda.
Todo lo que pasa en la barra se proyecta en directo. Desde tu sitio ves las manos, la coctelera y el momento exacto en que alguien se pasa de sirope.
El segundo cóctel es el que te dio envidia. Vas al puesto que quieras, haces el cóctel de otra mesa y le pones tu toque. Con un bartender al lado, sin prisa y sin competición.